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Todos contra Moody’s

En Política, Crisis, Ciudadanía, Críticas, Comentarios el 10 julio, 2011 a las 9:22

Pese a los esfuerzos de “la señora Salgado” en el Wall Street Journal (WSJ) y el Financial Times (FT) para explicar la naturaleza de la fortaleza del sistema financiero español, de nuevo, nuestro mercado despierta dudas. La semana que termina el Ibex 35 sufrió la peor caída desde noviembre de 2010 y el diferencial de la prima de riesgo supera los 280 puntos básicos.

Esta semana que termina, Moody’s explicaba en un exhaustivo informe que Portugal, de no seguir acometiendo reformas estructurales profundas, necesitaría de un nuevo plan de rescate. Cuando aún no se ha consensuado cómo implementar el segundo de Grecia, otro país en la diana.

Tras el informe de Moody’s, de nuevo demonización de las agencias de rating. Parece que hay consigna cuando algo no gusta, y entonces se contagia una especie de virus, de repetir lo que se oye, sin saber qué son, cómo funcionan y cuál es el origen de las agencias de rating. Visto lo visto, conviene hacer algunas aclaraciones. Las agencias de calificación crediticia existen a centenares en el mundo. Hay grandes agencias, hay casas de análisis que dependen de las entidades financieras y que no respetaron la famosa muralla china, y hay pequeñas empresas de análisis cuyos expertos analizan cada día miles de empresas, emisiones de bonos, letras y acciones en el mundo.

Primera realidad: no hay tres agencias. Es cierto que hay tres empresas que son por trayectoria, historia y número de aciertos, las más grandes e importantes, las estadounidenses Moody’s (controlada por el demócrata Warren Buffet) y Standard & Poor’s (S&P), y la estadounidense de nacimiento pero controlada por capital francés (Fimalac), es decir, europea, Fitch.

Las empresas y los Estados se ponen en contacto con las agencias de calificación para ser calificados, y no al revés. Los pasos a seguir para hacer un informe son los siguientes: la empresa o país se pone en contacto con la agencia de calificación, y analiza los informes que esa empresa o país les presenta de la situación financiera. Los expertos de las agencias de calificación, con los datos de los países y empresas, analizan los riesgos en comparación con los países del entorno, con las empresas del sector, etc., y emiten un informe. Dicho informe es para los socios de la agencia, y para el público en general.

Es evidente que no existe ninguna obligación de hacer caso a ningún informe a la hora de decidir la compra de un determinado bono o de una acción de una empresa. Ellos recomiendan, usted es libre para decidir. Como los médicos, los abogados, los jueces, los políticos o los periodistas, los economistas y los analistas también se equivocan. Como en todos los sectores del mundo, hay tramposos, corruptos y aprovechados.

¿Es la solución crear con dinero público una agencia de calificación de riesgos pública que diga lo que dicen los Estados que quieren que diga? A mí no me parece una buena idea. Creo que es más inteligente regular el marco de funcionamientos de los centenares de agencias que hay, para intentar evitar colisión de intereses y penalizar los abusos y los errores. Al final es todo cuestión de confianza: se fia usted de Fitch, o de Moody’s, pues es libre para seguir sus recomendaciones. ¿Se fia usted más del servicio de estudios de análisis del BBVA o del Santander, o de los bancos colocadores o de inversión? Pues usted, país, empresa o ciudadano inversor, es libre de elegir.

Ya está bien por parte de los políticos de buscar siempre un malo de la película. Las cosas normalmente son como parecen: Grecia ha resultado ser lo que parecía que era, por mucho que hayan intentado cambiar y modificar la realidad a través de declaraciones institucionales que lo único que intentaban eran modificar la realidad de fondo: el país estaba en quiebra.

El dinero privado, su dinero, es por naturaleza miedoso y ambicioso. Usted no sólo no quiere perder su dinero, sino que usted quiere sacarle la máxima rentabilidad. ¿Es acaso un pecado? Pues no, es lo normal, así funciona el mercado, da igual que tenga mucho o poco. Los políticos lo que tienen que hacer es regular para evitar los abusos y las colisiones de intereses.

Aunque igual el problema está en que algunos Gobiernos se pensaron que pagando a los analistas y a las agencias de rating, se podían mejorar los informes. Pues culpa de esos Gobiernos, que aun conociendo que gobernadores de bancos centrales contribuyeron a falsear cuentas públicas de países, les premian con presidencias de organismos reguladores. La seriedad empieza por uno mismo.

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