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Dejamos de ser un país soberano: España intervenida.

In Política, Crisis, Ciudadanía, Críticas, Comentarios on 10 junio, 2012 at 10:09

GUINDOS TRATA DE VENDER COMO UN ÉXITO LO QUE ES UN VERDADERO FRACASO: LOS 100.000 MILLONES QUE NECESITAN LOS BANCOS

 

La UE vigilará el ritmo de las reformas antes de inyectar el millonario rescate a España

Hacer de la necesidad virtud. El Gobierno tuvo que comerse ayer el sapo de aceptar un rescate como país, aunque sea con el fin exclusivo de recapitalizar la banca, y por un importe -100.000 millones- muy superior a las cifras “manejables” de las que hablaban varios ministros en las últimas semanas. Y aun así, el titular de Economía, Luis de Guindos, trató de presentarlo como una operación “extremadamente positiva”, que servirá para restablecer la confianza y para que los bancos puedan volver a dar crédito. Además, presentó como su gran triunfo que no habrá condiciones para España fuera del sector financiero, algo que desmiente el comunicado del Eurogrupo, que asegura que la UE vigilará muy de cerca las reformas adoptadas por el Ejecutivo español.

Dicho comunicado asegura que “el Eurogrupo está convencido de que España cumplirá sus compromisos en el procedimiento de déficit excesivo y con respecto a reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco del semestre europeo. El progreso en estas áreas será revisados regularmente y con gran atención en paralelo con la asistencia financiera”.
Por el contrario, De Guindos insistió una y otra vez en su comparecencia antes la prensa en que  sólo se imponen condiciones a los bancos, pero no a la sociedad española en el ámbito fiscal, ni macroeconómico, ni político. Y aunque es cierto que no se impondrán nuevos requisitos, también lo es que la UE supervisará las reformas emprendidas por el Gobierno y sus avances en la reducción del déficit como condición para conceder el dinero del rescate,
El citado texto admite que “más allá de la aplicación decidida de estos compromisos, el Eurogrupo considera que las condiciones de la ayuda financiera deben centrarse en reformas específicas destinadas al sector financiero”, pero añade que esto debe hacerse “incluyendo planes de reestructuración de acuerdo con las reglas de la UE sobre ayudas estatales y reformas horizontales estructurales del sector financiero nacional”, esto es, de todo el sector y no específicas para las entidades que reciban las ayudas.

Frente a este texto, De Guindos aseguró ayer que sólo se impondrán condiciones a las entidades que necesiten recapitalizarse y que no habrá exigencias para el sector en su conjunto ni respecto a la labor supervisora del Banco de España.
Un apoyo “extremadamente positivo”
Aparte de negar estas condiciones, De Guindos presentó la inyección como algo muy positivo para la economía española: “Esperamos que, como consecuencia de esas inyecciones, tendremos bancos más sólidos y capitalizados que estarán en disposición de crédito, cosa que ahora no sucede”. Asimismo, está “convencido de que habrá menores presiones en los mercados gracias a esta ayuda” y de que “el mecanismo será extremadamente positivo para el sistema financiero y servirá para disipar todas las dudas sobre que las necesidades de reestructuración están cubiertas”.
Estas afirmaciones hicieron que varios periodistas preguntaran al ministro que, si el rescate es tan positivo, por qué no se ha pedido antes. A lo que De Guindos contestó que “el Gobierno va viendo cómo evoluciona la situación a la hora de tomar sus decisiones”. No obstante, reconoció que han influido en su decisión la volatilidad de los mercados en las últimas semanas y las circunstancias de los próximos días en la zona euro, en referencia a las elecciones en Grecia del día 17.
Eso sí, negó en todo momento que España se haya sometido a las presiones de sus socios o del FMI, sino que la decisión “ha sido tomada de común acuerdo”, pese a que distintas fuentes aseguran que el ministro se resistió todo lo posible al rescate, lo que explica las tres horas de duración de la conferencia del Eurogrupo. El ministró evitó en todo momento hablar de “rescate” y llegó a decir que “no se trata de un rescate en absoluto. De ninguna manera: es apoyo financiero directamente al FROB”.
También eludió hasta el último minuto referirse a la cifra máxima que puede alcanzar el rescate, 100.000 millones, e insistió en que el importe definitivo no tiene porqué ser ése sino que se fijará en función de las necesidades detectadas por el FMI (40.000 millones), las consultoras independientes contratadas para hacer otros test de estrés y las cuatro auditoras que revisarán el balance de todas las entidades. Fuentes cercanas al Ministerio confirmaron que no habrá que esperar al 31 de julio para detallar la cifra, sino que ésta se hará pública el 21 de junio cuando se conozcan las conclusiones de Oliver Wyman y Roland Berger.
Tampoco quiso confirmar el plazo ni el tipo de interés del préstamo que recibirá el FROB para distribuirlo entre las entidades con déficit de capital. Según distintas fuentes, este tipo -”mucho más bajo que el del mercado, lo cual reducirá el déficit público”- rondará el 3% y el plazo de devolución puede alargarse hasta 15 años.

Mensaje contundente para los mercados

En lo que sí coincide De Guindos con sus socios comunitarios es en que los 100.000 millones de la línea de crédito concedida a España para sanear el sector financiero suponen el lanzamiento de un mensaje rotundo de la UE hacia los mercados: se ha acabado la crisis bancaria española, esta inyección es más que suficiente para tapar todos los agujeros y ya no hay lugar para mantener dudas o reservas. Algo que pretende relajar notablemente las tensiones sobre la prima de riesgo española y sobre la bolsa, en especial la cotización de los bancos.

Hasta ahora, todas las reformas financieras aprobadas por el Ejectivo actual (y por el anterior) eran recibidas con absoluto escepticismo por los analistas, que siempre estimaban que hacían falta varias decenas de miles de millones más para cubrir las pérdidas esperadas de la banca española. Y, en consecuencia, la reacción de los mercados era siempre de mayor castigo para la deuda pública y los bancos cotizados, para sorpresa del gobernante de turno, que no entendía cómo los mercados no apreciaban el importantísimo paso que suponía la enésima reforma.

Esto se ha acabado con el acuerdo de ayer. El mensaje que se lanza es que esta vez sí que es la definitiva y no va a haber más parches ni patadas a seguir para no reconocer el problema. El problema se ha reconocido por fin y se le va a dar una solución todavía mayor para que no quede ninduna duda.

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