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‘La Razón’ apela a la lagrimita y saca a pasear a los niños

In Política, Crisis, Ciudadanía, Críticas, Comentarios on 5 abril, 2013 at 11:13

La prensa se divide entre los que se aferran el príncipe salvador y los que se empeñan en salvar a la infanta.

 

'El País'

 

“El príncipe se desmarca de la crítica de la Casa Real al juez”, dice El Mundo. “La esperanza blanca de la Monarquía hizo una valiente alabanza de la justicia”, dice admirada Ana RomeroFederico Jiménez Losantos está totalmente de acuerdo. Tenemos un príncipe que no nos lo merecemos. “Ayer el travieso destino” puso al príncipe en “la tesitura de hablar de los jueces”, que ya es mala suerte. “Y habló para pedirles fuerza y confianza.

O sea, que frente a los fieros ataques de los medios cortesanos fue el hermano de la imputada Borbón el que mejor defendió la presunción de inocencia de Castro”. Pedro J. se vuelca en cargar las culpas de todo al jefe de prensa y dejar al Rey de tontito de baba. “Este alegato a favor de la independencia de la justicia choca frontalmente con la reacción de anteayer de la Casa del Rey“, con su “crítica nada sutil a la actuación del juez”. “Las manifestaciones de Felipe de Borbón ponen en evidencia el garrafal error cometido por la Casa del Rey en su estrategia de comunicación (…) Es lo que sucede cuando se coloca en una posición clave a alguien educado en el maniqueísmo más sectario de las guerras mediáticas”. Lo siento Pedro J., no ha colado.

El País, al igual que El Mundo, nos vende lo superchulo que es nuestro príncipe. “El príncipe Felipe: ‘Los jueces sois merecedores de la mayor confianza’”. Esto fue “un espaldarazo explícito” a la justicia que “vino a sobreponerse” al mensaje el día anterior de la Zarzuela. Así nos lo cuentaJesús Gracia: “Una voz vibrante y poderosa, castrense, llenó la magnífica sala de conciertos para anunciar su llegada: Su Alteza Real, el príncipe de Asturias y de Girona”. Como de cuento. Casi puedo oír las trompetas. Carlos E. Cué dice que “Rajoy no prevé ninguna reforma para atajar la crisis de la Monarquía”. Qué raro, con lo rápido que suele ser Rajoy en actuar. Pero es que además “el Rey no parece tener ninguna intención de abdicar”. Jesús Ceberio le echa un rapapolvo. “El apoyo” al Rey “ha sufrido una creciente erosión provocada por comportamientos nada ejemplares cuando no escandalosos. Este creciente descrédito de la figura del Rey ha alentado el debate sobre una eventual abdicación”, pero claro, a ver quién es el guapo que se lo dice. “Don Juan Carlos se siente cómodo sin más norma que su propia voluntad”. Tonto, que es el monarca.

En La Gaceta es Alfonso Basallo el encargado de darle la charla al Rey. “Si la conducta de los miembros de la Familia Real hubiera sido intachable. Si no hubiese existido un caso Nóos, si la vida privada del propio monarca hubiera sido plana y aburrida, hoy no se estaría hablando de abdicación”, dice con más razón que un santo. “Lo único que se le pedía a la Corona a cambio de su estatus inviolable era ejemplaridad. Nada más”. Que se fueran a esquiar a Baqueira Beret, a practicar vela a Mallorca, a la hípica y que salieran guapos en las fotos de¡Hola! Tampoco era tanto, digo yo. Y ellos, hala, a dar un escándalo tras otro con manos largas incluidas.

ABC y La Razón siguen fuera de sí, despellejando al juez. Tal cabreo tienen que ni se molestan en ensalzar la figura del príncipe.

“Las contradicciones del juez Castro”, titula ABC. El asunto le ha ofuscado tanto a Bieito que se le va un poco la olla y ve complots por todas partes. Quieren “forzar un cambio de sistema político en España”. “Es necesario denunciar la temeridad y mala fe de los oportunistas que quieren sacar rédito del caso Nóos para convertirlo en una causa general contra la Corona y desestabilizar no solo la institución monárquica, sino toda la arquitectura constitucional que sobre aquella se asienta desde 1978 y que tendrá una sólida continuidad en la persona del príncipe de Asturias”.

Pues claro, hijo, nadie ha dicho lo contrario salvo algún antimonárquico acérrimo al que nadie hace caso. Venga, una tilita. Carlos Herrera también se apunta a desacreditar al juez, “el del cuarto turno”. “Se lió él solo la manta a la cabeza y se dispuso a ser sensible a la presión popular que exige justica ejemplar, que no es exactamente la justicia misma”, que en este caso pasa por no tocar a la infanta un pelo de la cabeza. “Con ello Castro entra en la gloria y se transforma para algunos en el juez insobornable” que quiere “dar su merecido a quienes roban a la población sus recursos”. A quién se le ocurre, con jueces así qué vamos a esperar.

La Razón dice que “no se ha acreditado que la infanta tomara decisiones en Nóos” y extiende “la sombra de la sospecha” sobre el juez Castro .Carmen Enríquez opta por la fórmula de dar lastimita con la “pesadilla” de los niños. Dice que la infanta y su marido sienten “preocupación, tristeza y pesadumbre por los niños”, a los que “se les insulta y dejan de lado sus propios compañeros de colegio”. ¿Y por qué no los sacan de España, ellos que tienen recursos de sobra?

Ayer Urdangarín optó “por sacar de casa a sus cuatro hijos en una jornada en la que no abrían los colegios. Un gesto de Juan, el mayor de los chicos, bajando el protector para el sol en el momento que salía del garaje para evitar ser fotografiado, definía muy bien el sentimiento general de estar a la defensiva que predomina en la familia actualmente”. Urdangarín es un poco cruel ¿no? ¿No podía haberse quedado en casa?

Creo que viven en un palacio en el que tienen de todo. Carmen Enríquez trata de vendernos también a los reyes cual abuelitos preocupados sentaditos juntitos alrededor de una mesa camilla. “El Rey y la Reina ven con tristeza lo que está pasando y les preocupa mucho la repercusión de los acontecimiento en sus nietos”. Ah, ¿sí? Pues el abuelito no se preocupó tanto cuando lo de la amiga entrañable.  “Como abuelos, y también como padres, les parece una pesadilla la situación que tienen por delante su hija y su nietos, inocentes absolutos de las posibles faltas de sus padres”. Ya. Pues los padres podían haberlo pensado antes.

 

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