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El final de una vergüenza bancaria

In Política, Crisis, Ciudadanía, Críticas, Comentarios on 29 abril, 2013 at 12:13

Por Carlos Segovia

 

 

La marcha del primer ejecutivo del Santander es el final de una vergüenza que ha puesto a prueba al sistema y ha alimentado la idea de que no existe en España igualdad ante la ley.

La marcha de Alfredo Sáenz es también el final de una testarudez del presidente del Santander, Emilio Botín, que ha tensado la cuerda institucional durante años para imponer que un banquero condenado esquivara la Ley.

El vicepresidente y consejero delegado del Santander, Alfredo Sáenz, debería haber renunciado al menos, siendo generosos, en enero de 2011, cuando fue condenado ya en firme por el Tribunal Supremo por presentar una querella falsa a sabiendas por estafa para recuperar créditos impagados cuando presidía Banesto en 1994. En España estaba prohibido en aquel 2011 que un banquero condenado pudiera ejercer como tal pero el Banco de España no hizo nada y el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, incluso le indultó estando en funciones una vez que terminaron las elecciones generales para no perjudicar a su candidato Rubalcaba.

Sáenz de 71 años y sin necesidad de este bochorno estaba dispuesto a dar el paso de irse hace ya dos años, pero fue Botín, quien le pidió que siguiera convencido de que habría indulto y cambio legal.

Todo eso lo hubo, pero no suficiente. El indulto fue anulado por el Supremo, por considerar que Zapatero se extralimitó, y el nuevo Gobierno de Rajoy, cambió la ley hace unas semanas dando nuevo margen al Banco de España para mantener en el cargo a un banquero condenado. Pero, al tiempo, tanto el ministro de Economía, Luis de Guindos, como el nuevo gobernador del Banco de España, Luis Linde, daban señales en privado de que no se haría uso del margen de la nueva Ley, porque bastante desprestigio había ya en las instituciones españolas como para añadir éste y más con la tensión social creciente con Rajoy. Linde estaba justo ahora analizando el expediente de Sáenz y el Santander no ha querido correr el riesgo de sufrir un varapalo como el que nunca ha tenido en España.

De hecho, Alfredo Sáenz tuvo que renunciar en 2011 a todas sus aspiraciones de ser consejero en la filial de Santander en Reino Unido ante la clara señal de las autoridades británicas de que no iban a ser tan laxas como Zapatero. Debió hacer lo mismo en España, pero no. Ha puesto a prueba el sistema en España de forma innecesaria perjudicando la imagen del banco. Es también un mal broche para lo que ha sido una carrera de Sáenz como banquero reconocida en el sector financiero internacional. Los datos que ofrece el comunicado del banco son elocuentes sobre lo que ha sido la evolución de la entidad financiera bajo su gestión.

El comunicado no da cuenta de que tiene derecho teóricamente a una pensión de 88 millones de euros, que también es asombroso, pero ésa es otra historia de la banca y sus indemnizaciones durante la crisis.

 

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