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Estados Unidos es menos pracmática, menos democrática, mas religiosa y más fanática: Cómo crear un Estado orwelliano

In Política, Crisis, Ciudadanía, Críticas, Comentarios on 12 junio, 2013 at 11:49

El Gobierno de los EEUU espía a sus ciudadanos. Es la penúltima parada de un camino marcado por la lucha contra el terrorismo.

 

 

En las más apocalípticas pesadillas de los antifederalistas, los críticos liberales de la Constitución de los Estados Unidos, no cabría una realidad como la actual, en la que el Estado Federal controla las conversaciones privadas de los ciudadanos. A mediados y finales del siglo XVIII no existía la tecnología para hacerlo. Pero a nadie se le hubiera pasado por la cabeza que el Estado, de tener los medios para ello, tuviese la potestad de hacerlo.

El proceso para llegar al extremo de un Estado que entra en la intimidad de cada ciudadano del país ha sido largo. De hecho, el chivato Edward Snowen, como el facilitador de Wikileaks Bradley Manning, se enfrentan a cargos descritos en la Ley de Espionaje, que es de 1917. Pero la arquitectura legal que permite hacerlo es relativamente reciente.

Desde Jimmy Carter

Tenemos que remontarnos a otro presidente demócrata, Jimmy Carter. Éste firmó la Ley de Espionaje de la Inteligencia Extranjera (FISA), de 1978, que ampara el acceso de los funcionarios estadounidenses a las comunicaciones telefónicas y electrónicas de los agentes de los Estados extranjeros. Después de la obsesión de Nixon por controlar las conversaciones de los demás, la FISA se concibió como un freno a la curiosidad insana del gobierno, pero su efectividad, en tal sentido, es dudosa: de más de 32.000 solicitudes de vigilancia electrónica, los tribunales sólo han rechazado once.

De ahí damos un salto al 14 de septiembre de 2001, tres días más tarde de los atentados contra las torres gemelas. El presidente Bush firmó un decreto que permitía “utilizar todas las fuerzas necesarias y apropiadas contra aquéllas naciones, organizaciones, o personas que él determine que hayan planeado, autorizado, cometido o coadyuvado a los ataques terroristas… o que alberguen dichas organizaciones o personas”. Era la Doctrina Bush, que servía de cobertura para la Ley Patriótica, que iba a articular la acción dentro y fuera de las fronteras del país contra el terrorismo islamista.

La Ley Patriótica

En su sección 215, la Ley preveía que el gobierno Federal podría acceder a las listas de libros consultados en una biblioteca, lo que creó bastante polémica. Pero lo que más relevancia práctica ha tenido es el capítulo dedicado al acceso a las conversaciones telefónicas y las comunicaciones electrónicas. Modificaba la FISA de tal modo que se permitía el espionaje también de ciudadanos estadounidenses, y la relación con los Estados extranjeros ya no es un requisito.

Si la lógica de una ley es ser patriótica, quizás otro tipo de consideraciones, como el respeto a las libertades tradicionales del país, o a derechos generalmente reconocidos como el de la privacidad, queden en un segundo plano. De hecho, todas las críticas contra la Ley Patriótica iban en ese sentido. La respuesta, desde sus defensores, no carece de lógica. Viet D. Dinh, el jurista que es el principal arquitecto de la norma, escribió un artículo el 1 de junio de 2004 bajo el título Cómo la Ley Patriótica defiende la democracia. No se trata de una oposición entre libertad y seguridad, sino de “cómo podemos utilizar la seguridad para proteger la libertad”. También califica de absurdos los temores de una vigilancia orwelliana de los ciudadanos que cumplen las leyes y dice que la Ley Patriótica, en su sección 215, tiene “un alcance limitado”, ya que no permite al FBI investigar con esos datos otro tipo de delitos, “ni siquiera los del terrorismo nacional”.

Pero la práctica del gobierno de Bush, al que él asesoraba, estaba muy alejada de ese estricto legalismo. Según desveló el diario The New York Times, había estado realizando pinchazos telefónicos y accediendo a los registros de las llamadas sin una orden judicial. Como esta práctica no era legal, lo que se hizo fue legalizarla: La Ley Proteger América (PAA) de 2007 eliminó la necesidad de contar con una orden de un juez, si la Agencia de Seguridad Nacional “cree razonablemente” que la persona que va a espiar es extranjera o habla con extranjeros. Basta con que subjetivamente decida creer que hay un 51 por ciento de probabilidades de que no viva en el país. No es necesario, como lo era antes, que la persona espiada sea declarada previamente un agente extranjero. Es más, ni siquiera es necesario que esa persona esté siendo perseguida por terrorismo o, para el caso, por cualquier otro delito. Sólo hace falta que su geolocalización le sitúe fuera de las fronteras del país.

Ya, las limitaciones a la capacidad de espionaje del gobierno federal son muy pocas. Basta con pisar tierra extranjera. Pero seguían siendo demasiadas para el gobierno. Microsoft firmó un acuerdo con el gobierno para darle la llave a sus servidores. La fecha del mismo es muy notable: el 11 de septiembre de 2007. Esta entrega de los datos privados de millones de ciudadanos al gobierno federal sería mal visto por parte de muchos de ellos, y de las asociaciones de defensa de los derechos civiles. De modo que el Congreso promovió la redacción de una nueva enmienda de la FISA en 2008 que otorgaba inmunidad retroactiva a las empresas que colaborasen con el Estado. Fue entonces cuando se sumaron las otras grandes empresas de Internet: YahooGoogleSkype o Apple, entre otras. Aunque no Twitter ni LinkedIn.

No es el único instrumento en manos del gobierno federal. El diario The Guardian, que dio a conocer el programa Prism que incluye el acuerdo con las empresas de Internet, había desvelado el día anterior que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) había obtenido una orden judicial para acceder a los registros de todas las llamadas de la compañía Verizon. La orden, como el tribunal que la emitió, es secreta.

El título 50, apartado 1.861 del Código de los Estados Unidos describe este proceso que comienza en una orden ejecutiva del presidente o en una iniciativa del Fiscal General, es decir, que nace de la Casa Blanca. Esa iniciativa la traslada el FBI a la Corte de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera, que es secreta. Y ese tribunal emite la orden que permite al FBI o a la NSA solicitar la documentación que requiera a las empresas telefónicas.

William Binney es, como Edward Snowden, un antiguo empleado de la CIA que filtró información relevante y haber denunciado la creación de un sistema de procesamiento de la información caro e ineficaz. Binney, que estuvo más de tres décadas en la agencia, declaró en una entrevista concedida a Russia Today que “todo el mundo en los Estados Unidos está, virtualmente, bajo vigilancia del Gobierno”. Es más, “todo el mundo está incluido. Nadie está excluido. Incluso los miembros del Congreso”. De este modo, “pueden entrar en la base de datos y recopilar todo lo que han recogido de cada uno durante los últimos años”.

La entrevista es de diciembre de 2012, y en ella Binney dice que “la situación va a peor. Están haciendo mucho más”. El gobierno de Obama “está haciendo mucho más. Se están gastando más de dos mil millones de dólares en almacenamiento de datos”.

Edward Snowden, que había escapado a Hong Kong, está en paradero desconocido. Antes de que su pista se perdiera, dijo en una entrevista a The Guardian: “La NSA ha creado una infraestructura que permite interceptar prácticamente todo”. Un Estado orwelliano.

Vuelve 1984

El gran libro de George Orwell 1984 describe un mundo en guerra permanente. En ese sentido no es muy diferente de la guerra contra el terrorismo, que el vicepresidente Dick Cheney dijo que no tendría fin. Ese conflicto justificaba la creación de una estructura que permitia observar en todo momento los movimientos y las palabras de los ciudadanos.

Muchos ciudadanos han encontrado un paralelismo entre el clásico relato del autor inglés y la situación de los Estados Unidos y se han lanzado a comprar el libro. Sus ventas en el portal Amazon se han disparado: En un sólo día se ha multiplicado por siete. Al día siguiente se volvieron a multiplicar por dos. Este interés por el autor se ha contagiado por otra de sus obras: Rebelión en la granja, cuyas ventas se han multiplicado por cuatro.

 

  1. Información Bitacoras.com

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