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El fracaso del Canal de Nicaragua: la obra estrella del ‘faraón’ Ortega no arranca

In Política, Crisis, Ciudadanía, Críticas, Comentarios on 9 diciembre, 2016 at 13:10

Tres años después de su anuncio, el grueso de los trabajos aún no ha comenzado. Un oscuro millonario chino es la única y frágil garantía de un descomunal proyecto rodeado de polémica donde Ortega trata de salvar su megalomanía y su siempre abultada cartera.

 


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La construcción de la pirámide del faraón está tardando en iniciarse. Daniel Ortega anunció en mayo de 2013 su gran proyecto para Nicaragua. No era nadería la aspiración del presidente pinolero. Reveló el que probablemente sería el mayor proyecto de ingeniería de la historia del mundo: un gran canal interoceánico que uniría el mar Caribe y el Océano Pacífico a través de su país, cruzando selvas, ríos y lagos.

Rivalizaría con el célebre paso artificial de la vecina Panamá. El descomunal propósito fue valorado en más de 46.000 millones de euros. La cifra multiplica por cuatro el PIB de Nicaragua, segunda en la lista de los países más pobres de América, superada sólo por la castigada Haití.

Fue un desconocido empresario chino, de nombre Wang Jing, quien propuso a Ortega embarcarse en tan complicada empresa. Unos 70 proyectos canaleros en Nicaragua han fracasado en los últimos 200 años. Pero eso no importó. Esta vez iría la vencida.

El empresario pondría las inversiones, y el ex revolucionario sandinista facilitaría el marco legal en un parlamento donde contaba con mayoría absoluta. Su victoria con el 72% de los votos en las elecciones de este noviembre –fue acusado de anular a la oposición con el control de la judicatura– amplía aún más sus posibilidades de legislar sin debatir.

La obra fue anunciada a bombo y platillo. Se trata de una zanja de 279 kilómetros de largo, 250 metros de ancho y hasta 30 metros de profundidad. Proporcionaría 50.000 empleos directos al débil mercado laboral pinolero. El PIB doblaría su crecimiento, pasando del 5% actual a un 10%. Acabaría con la pobreza que afecta al 30% del país. La mayor parte de la población de Nicaragua apoyó decididamente el canal.

Preocupante retraso e incompetencia

Todo eran bondades pero han pasado tres años y las obras siguen sin comenzar. Hasta ahora sólo se ha producido la reparación de una carretera al sur del país. Eso fue en diciembre de 2014. Según el calendario inicial los puertos temporales a ambos lados del Nicaragua ya deberían estar casi construidos. La obra completa debería entregarse a finales de 2019.

Esa agenda es casi imposible de cumplir ahora. Hong Kong Nicaragua Canal Development (HKND), la empresa de Wang Jing, anunció hace unos meses que la construcción de las obras principales se retrasaría a diciembre de 2016. Se excusó en la elaboración de un polémico estudio ambiental, publicado hace dos años. También el gobierno del Frente Sandinista ha excusado la tardanza en la realización de profundos informes sobre la obra.

No todos están de acuerdo con la posición oficial. Quienes se oponen al canal apuntan a otras causas, menos amables, como motivo del retraso: “Para iniciar cualquiera de estas obras deben comenzar previamente la expropiación de las poblaciones que habitan en la ruta. Ese procedimiento e incluso la realización de estudios en las comunidades se ha visto seriamente afectado por un poderoso movimiento social campesino que ya ha protagonizado 82 marchas cívicas”, comenta Mónica López Baltodano, asesora legal del movimiento campesino y directora de la fundación PopolNa.

Unos 2.900 kilómetros cuadrados de tierras serían expropiados. Entre 30.000 y 120.000 personas podrían ser desalojadas de sus casas para que el canal pueda ser construido, según la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), que solicitó revocar la concesión a HKND. Serán indemnizados, critican los detractores de la obra, con al valor catastral (el más bajo) de sus propiedades y no podrán objetar la expropiación por vía judicial. Tampoco existen, por ahora, planes reales de reasentamiento.

Miles de personas protestan en las calles y en los tribunales. Los líderes de las comunidades indígenas del caribe firmaron el pasado mayo su consentimiento para el arrendamiento de sus tierras. La mitad del canal pasa por sus territorios. Un par de meses después, los mismos campesinos de esas entidades refutaron a sus líderes y se retractaron por escrito. Muchos aseguran no haber sido informados de la pérdida de sus tierras. Les dijeron, en cambio, que ganarían dinero.

¿Desastre medioambiental?

Además de las implicaciones sociales, quienes habitan en la zona temen también a las consecuencias medioambientales. El canal pasará por el gran lago Cocibolca. Abastece de agua a unas 80.000 personas. “La obra generaría su muerte”, critica Álvarez. Por allí circularían cargueros de un calado mayor al permitido en la actualidad por el canal de Panamá, incluso después de su reciente ampliación. “Estamos hablando de un lago de 8.400 kilómetros cuadrados que estaría sometido al riesgo de derrames de los barcos y a contaminación por hidrocarburos, eliminando así la posibilidad de beber sus aguas”. Varios humedales de especial relevancia se verían afectados, según la periodista. También la conectividad del corredor biológico mesoamericano: “Sería una catástrofe ambiental”, anuncia.

El Gobierno dice haber evaluado las consecuencias para la naturaleza y aprobó el pasado año el Estudio de Impacto Ambiental y Social realizado por una firma británica. Contiene 48 especificaciones técnicas, algunas previas y otras perpetuas, para guiar a los contratistas sobre lo que pueden hacer. “Sus resultados claramente reflejan que el canal tiene un potencial impacto positivo en Nicaragua y en el ambiente, tomando las medidas de prevención”, señaló entonces Telémaco Talavera, el portavoz de la Comisión del Canal. Ese estudio es calificado como “deficiente” y “hecho a la carrera” por los detractores de la obra.

La naturaleza, sin embargo, parece haberse puesto en contra del proyecto antes de su inicio. El lago Cocibolca se ha vaciado en los últimos añosdebido a la gran sequía que afecta al país desde 2014. La falta de agua ha llegado dificultar su navegabilidad. La Comisión del gran canal dice haber previsto ese problema y anunció la creación de lagunas artificiales y la reforestación de la zona si el problema persiste.

Dicha institución trabaja bajo los postulados del marco legislativo canalero entre Nicaragua y HKND, conocido como la Ley 840. Se firmó en 2013, sin previa licitación, y ha sido muy criticada por los ambientalistas: “No hay en absoluto ninguna transparencia en la gestión de este megaproyecto y su concesión. Fue negociado en secreto durante más de un año, sin informar a la opinión pública. En menos de una semana fue aprobado en el parlamento. La discusión en la plenaria duró menos de tres horas”, comenta López Baltodano. “Las propiedades del Estado requeridas serán cedidas al inversionista y el concesionario no pagará por ellas”, critica también la periodista Álvarez.

Hay mucho dinero en juego. El Banco Central de Nicaragua renunció a su derecho de inmunidad soberana en cualquier disputa que pueda tener con los accionistas del gran canal. Hablando en plata: comprometió por ley sus reservas internacionales como garantía del proyecto. Varias plataformas e individuos llegaron a interponer hasta 30 recursos de inconstitucionalidad contra la Ley 840. La Corte Suprema de Justicia los rechazó todos en una sola resolución.

Un millonario chino y misterioso

 

chino-misterioso

No sólo el proyecto es calificado de opaco. También Wang Jing y sus inversores. Del empresario chino se han ido conociendo detalles con el paso del tiempo. Se trata de un hombre de negocios exitoso con acciones en el mercado de las telecomunicaciones y casinos. La Bolsa, sin embargo, le jugó una mala pasada. Wang contaba en su cartera, según la agencia ‘Bloomberg’, con unos 9.600 millones de euros a principios de 2015. El colapso del mercado de valores chino vació su billetera hasta dejarle ‘sólo’ con unos 1.000 millones de euros. Habría perdido el 89% de su fortuna, lo que ha afectado, se dice en los mentideros, al proyecto canalero. Se llegó a recuperar, pero sus finanzas siguen dos tercios por debajo del nivel de hace dos años.

El aún multimillonario no dijo, en cualquier caso, que el dinero fuera a ponerlo él mismo. Conseguiría los fondos necesarios para la construcción mediante esquemas de propiedad compartida, préstamos bancarios y emisión de deuda, según confesó el mismo Wang a la agencia Reuters.

Poco se sabe también de los inversores. Hay quien ni siquiera cree que no existan: “Hay falta de financiamiento. A pesar de que se ha publicitado el interés de inversores europeos y estadounidenses, no se ha revelado el nombre de ninguno. ¿Quién va a invertir en un sitio donde no le quieren?”, se pregunta Álvarez.

La zanja, en cualquier caso, sería la obra más cara del proyecto. Pero no es la única: “Parte de los trucos que contempla la concesión es precisamente que puede no construirse nunca la zanja y aun así seguiría vigente la concesión para otros subproyectos con enormes beneficios económicos para el inversionista, como áreas de libre comercio, centros turísticos, ciudadelas o centrales hidroeléctricas”, critica López Baltodano.

La activista estuvo ocho meses escudriñando los negocios de Wang en varios países: “Quería determinar cuáles eran las empresas vinculadas a este inversionista que iban a ser beneficiarias de la concesión. Descubrí un entramado de más de dieciséis empresas pantalla registradas en paraísos fiscales como Islas Caimán. También en Holanda, Hong Kong, Pekín y Managua. Fueron creadas de manera simultánea con la negociación secreta que se gestó con el gobierno. No tienen capitales sociales significativos, ni experiencia técnica de ningún tipo”, señala López Baltodano. “Evidentemente son esquemas tanto para esconder otros intereses, como a los socios”.

La improbable implicación de Pekín

Mucho se ha hablado también sobre la posible implicación del gobierno chino en el proyecto. El control del canal supondría una gran ventaja geoestratégica, al hilo de los proyectos globales de China. Nada se ha demostrado. Tanto Wang como el gobierno del gigante asiático dicen no tener relación comercial alguna en lo referente al canal. Pekín ha llegado a lanzar advertencias sobre el proyecto. El país más poblado del mundo no tiene relaciones diplomáticas con Nicaragua. La razón es clara: Managua reconoce oficialmente al gobierno de Taiwán.

“Jing es conocido en China como ‘el loco del canal’. Si realmente fuese un proyecto de los chinos, las cosas avanzarían”, reflexiona Álvarez. Hay quien sí ve esa posible implicación de Pekín en el hecho de que varias empresas subcontratadas son chinas.

No sólo se ha hablado de los intereses asiáticos en el proyecto. También se especula sobre los de Ortega. El canal no es una aspiración electoralista. El ex guerrillero ya arrasaba en las elecciones antes siquiera de tener en mente la obra: “Se presume que tras este proyecto hay enormes intereses económicos de parte de Ortega, teniendo en cuenta que su hijo, Laureano Ortega Murillo, ha tenido un protagonismo clave en todo el megaproyecto. Fue él quien trajo a Wang como inversor a Nicaragua”, afirma Álvarez

Ortega, sin embargo, ha tratado en todo momento de no darle una importancia capital al proyecto. Es un proyecto relevante, un extra, pero no clave para que la economía nicaragüense siga creciendo: “De hecho, han sido dos o tres ocasiones en las que públicamente ha hecho referencia al canal”, destaca Álvarez. No cree que sea básico para la estabilidad del Gobierno. El proyecto sigue contando con el apoyo popular, a pesar de las protestas campesinas. Muchos ponen el canal las esperanzas de una gran mejora económica para el país.

Deberán darse prisa Ortega y HKND si no quieren ser adelantados por sus vecinos. Honduras está terminando una carretera para unir sus costas en el Atlántico y el Pacífico. Costa Rica también ha anunciado la construcción de un ‘canal seco’ de 10 carriles valorado en 16.000 millones de euros para competir con Panamá. La fiebre de los canales ha invadido definitivamente Centroamérica.

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