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Cuatro princesas secuestradas… ¡y hechas desaparecer!

In Política, Crisis, Ciudadanía, Críticas, Comentarios on 10 diciembre, 2016 at 20:31

Un amigo de las cuatro mujeres denuncia a LOC su desaparición. El rastro de su madre, refugiada en Londres, también se ha esfumado

 

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Su cautiverio alcanzó la luz pública en la primavera de 2014. Las princesas Sahar, Hala, Maha y Yawaher habían vivido desde hacía más de una década confinadas en un destartalado complejo palaciego de Yeda, a orillas del mar Rojo, por orden de su padre, el difunto rey saudí Abdalá bin Abdelaziz. Durante varios meses las cuatro mujeres relataron su tragedia en precarias conversaciones vía Skype con un puñado de medios de comunicación internacionales. Sus súplicas recorrieron el planeta hasta el óbito de su progenitor, en enero de 2015. Desde entonces un denso mutismo ha rodeado su sino. Como si a las cuatro princesas se las hubiera tragado la tierra. “Tras la muerte de su padre fueron completamente silenciadas. Han desaparecido“, confirma a LOC Ali al Ahmed, un opositor saudí muy cercano a las cuatro princesas. “Tuve la última conversación con Sahar entre diciembre de 2014 y enero de 2015. Desde entonces ha sido imposible contactar con ella. Le he escrito y la he llamado en repetidas ocasiones. Jamás he obtenido respuesta”, lamenta el activista desde Washington, donde dirige el Instituto de Asuntos del Golfo.

El rastro de su madre, Alanud al Fayez, -que huyó de Riad en 2003 y halló refugio en Londres- también se ha desvanecido. “Personas que la conocían y la habían visitado en su casa no han logrado localizarla en estos dos últimos años”, comenta Al Ahmed. El repentino mutis de las cinco mujeres que pusieron en jaque a la monarquía absoluta saudí ha sido completo. Las cuentas de Twitter de madre e hijas, que sirvieron para denunciar su reclusión, han sido eliminadas. También han cesado las protestas que Alanud organizaba frente a la embajada saudí en la capital británica. Ni siquiera Amnistía Internacional, que se hizo eco de su encierro, tiene noticias recientes. Un abrupto ocaso alimenta las sospechas de que la progenitora se halla negociando con los prebostes de la poderosa Casa de Saud, la estirpe que fundó Arabia Saudí en 1932. “Lo último que escuché es que su madre había contratado a un abogado para alcanzar un acuerdo con el príncipe Mutaib“, indica a este diario Hala Al Dosari, experta del Instituto de los Estados del Golfo en Washington. “No ha transcendido ninguna noticia sobre el estado del caso desde el último año”, agrega.

Una absoluta falta de información que alarma a Al Ahmed, un ex preso políticoque presume de haber entablado una relación muy estrecha con las atribuladas princesas. “No confío en que su situación se resuelva. Algo ha ido mal. De alguna manera el Gobierno saudí ha logrado que la madre calle. En cualquier caso, si han alcanzado un acuerdo, no incluye en ningún caso la liberación de las cuatro hijas”, replica el activista. “El rey Abdalá -confiesa- ya les advirtió de que tras su muerte su vida les resultaría aún más dura. Su hermanastro Abdelaziz bin Abdalá [actual viceministro de Asuntos Exteriores saudí] es un cocainómano y el máximo responsable del cautiverio de las princesas”. En sus declaraciones públicas, Sahar jamás ocultó la identidad de sus carceleros. “Es una batalla por la supervivencia. Nos enfrentamos a un despiadado ejército: la Guardia Nacional saudí, encabezada por nuestro hermanastro Mutaib. Él y nuestro también hermanastro Abdelaziz son quienes han dictado los abusos que hemos padecido durante años”, narró la prisionera.

Las cuatro hermanas han afrontado su presidio en diferentes estancias de un complejo fuertemente custodiado en un exclusivo barrio del norte de Yeda. Sahar (44) y Yawaher (40) fueron confinadas juntas mientras una destartalada habitación ubicada en otra ala del inmueble albergaba a Mahar (43) y Hala (41). Sometidas a cortes de electricidad y agua, sin aire acondicionado, malvivían con los escasos alimentos enlatados que les proporcionaban. “La comida se agotará pronto. Tratamos de sobrevivir con un poco de comida caducada y con agua de mar destilada“, detallaba Sahar en las entrevistas que concedía hasta que su voz enmudeció en extrañas circunstancias. “Estoy seguro de que si Sahar y Yahawer hubieran sido liberadas, me habrían llamado para comunicármelo”, recalca Al Ahmed, que las puso en contacto con los primeros reporteros y desfiló con su caso por los pasillos de las Naciones Unidas.

De las conversaciones entre Al Ahmed y Sahar nació una complicidad que terminó convirtiendo al activista en uno de sus principales apoyos en el exterior. Fruto de esa relación, la hija mayor del monarca le envío las obras de arte que había creado desde su celda. LOC ha tenido acceso en exclusiva a dos de las esculturas cuyas fotografías guarda a buen recaudo Al Ahmed. Espera exhibir todo el material en una exposición prevista para el próximo año en Washington. Una de las instantáneas muestra un busto de Don Quijote de la Mancha, un guiño tal vez a su lucha contra los gigantes que robaron su libertad y la de sus hermanas. La segunda pieza es aún más simbólica: una paloma con la cabeza hundida en una bolsa de plástico. Se titula “La victoria de Dios está cerca”. “Sahar es esa paloma”, desliza el opositor.

“Mentes libres”

Nadie tiene una respuesta definitiva a la razón por la que el monarca -que tuvo 30 esposas y más de 40 vástagos- las condenó en vida. “Hubo un tiempo en el que tuvieron una vida normal en Arabia Saudí pero son mentes libres y su padre odia eso“, argumentó su madre. La penosa situación de las mujeres habría precipitado el cisma entre Abdalá y el cuarteto. En el reino -guardián de la interpretación más rigorista del islam- las féminas no pueden trabajar, conducir, practicar deporte, estudiar, someterse a una intervención quirúrgica, casarse, alquilar un apartamento, matricular a sus hijos en un colegio, abrir una cuenta bancaria, deambular por la calle o viajar sin el permiso de un tutor varón (mahram), ya sea progenitor, cónyuge, hermano o incluso vástago. “Las mujeres estamos segregadas. Merecemos nuestros derechos“, reclamó Sahar en una de sus últimas apariciones.

 

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Las hijas estaban muy unidas a la madre, algo que desagradaba al rey y al resto de la familia. Las opiniones de Sahar son completamente contrarias a las de la familia real”, esboza Al Ahmed, que aporta otro motivo desconocido hasta la fecha. “No estoy del todo seguro pero es posible que Sahar abrazara el islam chií. Sería algo muy controvertido. Imagina el revuelo si se hiciera público que la hija de un rey saudí se convirtió al credo chií“. Su desaparición, no obstante, no resulta nueva en la corte saudí. “No es el primer caso de miembros de la familia real que han sido colocados bajo arresto domiciliario o secuestrados en el extranjero y obligados a regresar”, subraya el activista. “Es un proceso habitual. Nada ha cambiado en realidad desde la llegada al trono de Salman. Es una política que está por encima de los nombres que dirigen el régimen”, apostilla.

En los despachos y las calles del reino el martirio de las cuatro hijas del fallecido Abdalá -“un hombre malo y despótico incluso con su propia familia”, refiere el opositor- también ha quedado sepultado por el olvido. Ni los medios de comunicación ni la vasta familia real quieren remover la suerte de las cuatro mujeres que desafiaron a la ultraconservadora monarquía. “No tengo información al respecto. Nunca he hablado con nadie de este tema y ni siquiera sé si la historia es cierta. En nuestra sociedad estos asuntos se resuelven en casa”, apunta visiblemente incómodo a este diario un miembro de la familia real.

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