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Gilles Kepel: «España no sufre atentados como Francia porque lo ven como un “refugio” para yihadistas»

In Política, Crisis, Ciudadanía, Críticas, Comentarios on 13 diciembre, 2016 at 12:17

El islamólogo francés ve posible una gran guerra civil en Europa protagonizada por musulmanes de tercera generación, seguidores de las ideas del yihadista «español» Setmarian

 

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Marianne sigue recostada en un infinito diván esperando, quizá, encontrar respuestas para un país, Francia, que ya no es el que era. Paralizados y cuestionados, los valores de la V República y sus intocables logros sociales se encuentran atrapados en un debate identitario que lo ocupa todo. Mientras que el Partido Socialista, a riesgo de implosionar, sigue la deriva de la socialdemocracia europea, los dos favoritos para llegar al Elíseo, François Fillon, de la derecha tradicional, y Marine Le Pen, de la ultraderecha, pugnan por ese remedio que cure los traumas de una sociedad convaleciente por los 239 muertos del terrorismo yihadista en los dos últimos años.

La crisis de los suburbios, de la economía, del islam francés, del terrorismo o la inmigración han polarizado las ciudades, las regiones y todo un país. La división llega incluso al análisis de los problemas. A nivel mediático, los politólogos libran su propia batalla.

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¿Será la islamización del radicalismo o la radicalización del islamismo? Autor de «El terror entre nosotros», recientemente traducida del francés por la editorial Península, Gilles Kepel (París, 1955), profesor del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po) y uno de los islamólogos más influyentes de Europa, alerta de una posible guerra civil en Europa protagonizada por musulmanes de tercera generación.

Su libro trata como tema central la tercera fase de la yihad que, casualmente, fue ideada por un «español».

La primera yihad contemporánea estaba estructurada para combatir los régimenes «apóstatas» del mundo musulmán, como Afganistán, Argelia o Egipto. Fracasó, salvo en Afganistán.

La segunda generación fue liderada por Bin Laden y Zawahiri, tiempo en el que el principal objetivo de los ataques era Estados Unidos. También fracasó. Lo hizo especialmente en Irak, pese al 11 de Septiembre.

Ahora transcurre una tercera fase que comenzó en 2005. Estamos en la «fase española» porque el ideólogo jefe ha sido Abu Musab al Suri (Setmarian), sirio de familia acomodada y luego nacionalizado español. Su yihad tiene en la diana sobre todo a Europa por su cercanía a Oriente Medio y también porque hay millones de jóvenes musulmanes que cuentan con la nacionalidad europea.

¿A qué se refiere cuando habla de guerra civil en Francia y Europa?

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Setmarian defendía que el objetivo de los atentados era provocar a la sociedad europea para que se enfrentara a los musulmanes. Que los europeos crearan sus nuevos pogroms. Frente a ello, los musulmanes se reagruparían en una comunidad a imagen y semejanza de los islamistas radicales y yihadistas. Se dan tres etapas: la guerra de provocación, después la guerra de enclaves, en la que desde su hermetismo atacan al resto de la sociedad, y por último la guerra total para implantar un califato. Así y todo, creo que gracias a la resiliencia de la sociedad francesa, que no ha querido entrar en ese juego provocador tras los atentados y defiende a los musulmanes que conocen del día a día y que llevan una vida normal, se ha evitado de momento esa guerra civil.

¿Fueron los atentados del 13 de Noviembre el principio del fin de Daesh como estructura jerárquica?

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Daesh no ha tenido una verdadera estructura piramidal como la ha tenido Al Qaida. Así que creo que Al Qaida se fundó desde arriba y Daesh desde abajo, aunque este grupo tenga una estructura estática en Irak compuesta por un aparato suní procedente de los servicios secretos de Sadam Husein. En el exterior, la estructura de Daesh es una red. Por ejemplo, los últimos atentados en Francia en 2016: el asesinato del policía apuñalado el 13 de junio, el del sacerdote el 26 de julio, el atentado con un camión en Niza del 14 julio o la tentativa fallida del comando de mujeres de hacer explotar un coche frente a la catedral de Notre Dame de París el 4 de septiembre.

Todos tenían un mismo nexo: el yihadista francés de origen argelino Rashid Kassim, que reside en Irak o en Siria y que coordinaba a estos radicalizados a través de la mensajería encriptada en Telegram. Los puso en contacto, pero son ellos los que localizaban los objetivos y elegían el modo de operar. A veces eso ha funcionado, cuando han conseguido matar al sacerdote, pero otras no, debido a que los ejecutores eran muy débiles intelectualmente y políticamente, como pudieron serlo las mujeres detenidas. Como consecuencia de su mayor exposición, Kassim ha sido castigado por la cúpula de Daesh.

Varios informes dan cuenta de miles de menores radicalizados en Francia. ¿Estos muchachos son un peligro para la seguridad nacional?

Depende de lo que hablemos por radicalizados, pero entre los miles de señalados por el fichero S («seguridad del Estado»), hay un gran número de menores. Impresiona la esquizofrenia de esos jóvenes que van al instituto y son buenos alumnos durante el día, pero por la noche están en internet con Daesh. Es un problema muy gordo porque ha costado identificarlos. Por otro lado, han dejado huellas en internet detectadas los servicios secretos.

¿Jóvenes radicalizados y guiados por control remoto o símplemente «lobos solitarios amateurs»?

No existen esos «lobos solitarios», a los que el propio Rachid Kassim llama «leones solitarios», que forman parte de redes conectadas por internet. El asesino del sacerdote y el del policía han pasado un año o dos años en prisión por yihadismo. En la cárcel reforzaron sus vínculos con el yihadismo antes de lograr la libertad. Adel Kermiche, de 19 años, uno de los dos asesinos del párroco Jacques Hamel, no tenía a nadie en su familia que hablara árabe. Durante su estancia en prisión se arabizó en su celda por un ideólogo que ha reforzado su convicción. Él aparecía hablando un muy buen árabe en el vídeo de juramento de lealtad al «califa» Abu Bakr al Bagdadi. Para la predicación, estuvo todo el año aprendiendo la lengua.

¿Kassim quería ser el nuevo Omar Omsen?

 

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Sí, pero el Omar Omsen -del antiguo Frente al Nusra- de Daesh. Omsen había desaparecido, incluso se le daba por muerto hasta que reapareció el pasado mayo. Este terrorista decía que el 7 de enero el ataque contra Charlie Hebdo fue formidable porque estuvo dirigido contra «islamófobos», pero también que el 13 de noviembre supuso un gran error político porque afectó a toda la sociedad, y que si el estadio de Francia hubiera explotado se habrían producido miles de muertos musulmanes.

Rachid Kassim ha intentado parecerse a Omar Omsen, pero es muy débil mentalmente, un idiota. El problema de Daesh es que no tiene la cultura política de llevar sus acciones. Los atentados son espectaculares, como el de Niza o el de Bataclan, y pasan desapercibidos para los radares de los servicios, pero el resultado político que se espera, como movilizar a la masa musulmana, no se ha conseguido.

«Gran fracaso del sistema penal francés»

¿España puede sufrir también los atentados de la tercera generación de la yihad?

España juega un rol muy importante, ahora más que nunca, porque el ideólogo jefe de la yihad de tercera generación es español y, por otra parte, porque creo que el modelo de prefiguración de la yihad de tercera generación fue el 11-M. Él vivía entonces en Afganistán, pero estaba vinculado a los que cometieron el atentado en Atocha. En su libro, «Llamada a la resistencia islámica global» (1.600 páginas), se refiere al 11-M como el ejemplo de lo que hay que hacer.

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En los últimos años ha habido varias redes yihadistas desmanteladas en España. Ayoub el Khazzani, que trató de atentar en el tren Thalys en verano de 2015, de origen marroquí que residió un tiempo en Algeciras, estaba ya fichado por la policía española como traficante de drogas y yihadista. España, un poco como Bélgica, ha sido una suerte de santuario, es decir, un lugar donde los yihadistas creen estar tranquilos para reclutar tranquilamente a medio plazo y, por ello, no ha habido en este tiempo un ataque de gran envergadura como en Francia. Pero se dan las condiciones. Como ocurre en Francia o Bélgica, y al contrario que Italia, Reino Unido o Alemania, la población musulmana de España es mayoritariamente árabe, de África del Norte. Y Daesh tiene una ideología árabe, no indopakistaní o turca, aunque luego sea traducida. En Marruecos, miles han sido detenidos por pertenencia al grupo yihadista, y otros miles de marroquíes han ido a Siria e Irak. Efectivamente, este es un factor muy importante de riesgo para España.

 

Pero hace unos meses Daesh llamó apóstata a Setmarian en su revista Dabiq.

El aparato militar de Daesh está integrado por iraquíes, que consideran que Setmarian pertenece a una generación anterior. Pero él ideó este fenómeno y, aunque no sea muy conocido hoy, los yihadistas no se centran en buscar textos contemporáneos. Lo que cuenta es que lo que ha escrito luego se extienda por redes sociales.

Que sean François Fillon, de Los Republicanos, y Marine Le Pen, del Frente Nacional, los dos grandes favoritos se debe, en parte, por la antipatía de ambos hacia el islam. ¿Supone la victoria de Setmarian y su intento de dividir a la población europea? ¿Parte de la izquierda va estrechar lazos con el islamismo para no perderse en el eje identitario?

(Ríe) Sí, si gana cualquiera de los dos, puede ser una victoria de la idea de Setmarian. Lo que ha hecho bien Fillon frente a Juppé es haber tomado conciencia de que el electorado francés, principalmente de derechas, sufre un trauma por los 239 muertos y que el último haya sido un cura. El hecho de que un sacerdote haya sido asesinado, incluso para mí, que soy ateo, ha despertado un sentimiento reactivo de defensa del catolicismo. A la izquierda también la campaña de las primarias ha girado en torno a este tema, Valls ha destacado la lucha antiterrorista en su campaña. En cambio, una parte de la izquierda se ha movido en una lógica de buscar acomodo a los islamistas. La tendencia conocida como islamo-izquierda, que considera que para llegar a la gente de los suburbios hay que hacer una alianza con los Hermanos Musulmanes. Sigue un poco la tendencia del famoso periodista Edwy Plenel, de pasado trotskista y que dirigió «Le Monde» y hoy «Mediapart», que está tratando de establecer ese polo islamo-izquierdista y que va a contribuir a la división aún mayor de la izquierda y a destrozarla.

De hecho, no solo pasa en Francia, en Inglaterra, en Bélgica, en Países Bajos, tanto en Italia como en España la izquierda clásica ha explotado, porque el eje izquierda-derecha fundado sobre la lucha contra la explotación de la burguesía al proletariado, ya no tiene hoy pertenencia ideológica porque una gran parte de los jóvenes no están explotados porque no tienen trabajo, les gustaría estarlo para al menos estar trabajando. El vocabulario social ha sido sustituido por el identitario. Se ve por ejemplo con la explosión de la izquierda italiana y el surgimiento del Movimiento Cinco Estrellas que absorbe el voto de Renzi, y en España, el hundimiento del PSOE y la subida de Podemos o Ciudadanos. El problema de la izquierda viene del hecho de que la clase obrera francesa vote mayoritariamente al Frente Nacional de Marine Le Pen, y que algunos han pasado de considerar al proletariado como el futuro, a creer que ahora esa figura la simboliza el musulmán como redentor de los oprimidos.

¿Islamización del radicalismo o radicalismo del islam?

 

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Es un debate en el que los periodistas franceses me han situado frente a Olivier Roy, que niega el estudio de la evolución ideológica del islam para analizar el fenómeno yihadismo. Para él, todo tiene que ver más con el nihilismo de la juventud, antes conlas Brigadas Rojas en Italia, o la Facción del Ejército Rojo, en Alemania, y ahora con estas «brigadas verdes». Yo lo creo al contrario. Considero que para comprender el fenómeno actual en Francia hay que analizar la dimensión social, el hecho de que en los barrios menos favorecidos hay un 40% de paro juvenil, gente que ha nacido y ha sido educada en Francia. La crisis de nuestro modelo económico y educativo. También se debe tener en cuenta los problemas psicológicos, en muchas familias de jóvenes que han viajado a Siria el padre estaba ausente. Este fue sustituido por sus camaradas, quienes ofrecen un mundo alternativo, al margen de la sociedad, que consiste en luchar por la sharia. Y en tercer lugar, la yihad. Para comprender el fenómeno hay que tener en cuenta estos tres factores. Olivier Roy considera que la ideología no tiene ninguna importancia. No digo solo que sea únicamente la radicalización del islam, hay que tener en cuenta los factores sociales, pero él exonera el islam de todo. No se trata de criminalizar el islam, sino de ver que hay una guerra en el seno de la religión para lograr la hegemonía.

El Partido Socialista ha perdido el voto musulmán… ¿la extrema derecha puede aprovecharse de este derrumbe?

Hollande se benefició en 2012 de un importante voto musulmán, entre el 85% y el 90% del electorado francés que se dice musulmán, probablemente cerca de dos millones de personas votaron por él. Ganó a Sarkozy por 1,3 millones de votos, por lo que la balanza se inclinó gracias a su voto, sin ellos él no hubiera ganado. Con el matrimonio homosexual la izquierda perdió una gran parte del voto musulmán. Los imanes llamaron a sus correligionarios a sancionar al gobierno por el matrimonio para todos. El resultado ha sido que, desde finales de 2012, todos los comicios los ha ganado la derecha. Muchos votantes socialistas de los barrios populares, donde los musulmanes son muy influyentes, se fueron a la derecha y también a la extrema derecha. En los barrios del norte de Marsella, el frontista Stéphane Ravier, condenado por tráfico de influencias, ganó también de cierta forma gracias al voto musulmán.

¿El Gobierno de Hollande y Valls ha fracasado en la lucha antiterrorista?

Hollande no ha fracasado del todo porque no estamos en una guerra civil. Eso es importante. Pero no ha comprendido el desafío del paro. Además, se equivocaron al pedir la retirada de la nacionalidad a los condenados por terrorismo, eso sumado a que denunciaron que Francia estaba en guerra. Está en guerra en el exterior, pero en el interior es más un asunto policial.

El islam es la primera religión de las prisiones. ¿La yihad se nutre también del fracaso del sistema penal francés?

Yo lo llamo la «incubadora carcelaria». Hoy se han dado cuenta del problema pero no saben aún cómo afrontarlo. Al separar a los yihadistas del resto, ha creado un submundo aún más radical dentro de prisión. También debemos afrontar el retorno de una gran cantidad de terroristas franceses en Siria e Irak, de los cuales muchos pasaron a ser asesinos tras su estancia en prisión. La tendencia ahora es alargar las penas para no volver a sufrir este fenómeno de inmediato. Sin duda, hemos sufrido el gran fracaso del sistema penitenciario francés.

 

 

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