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Rusia prueba su nuevo sistema de misiles nucleares

In Política, Crisis, Ciudadanía, Críticas, Comentarios on 14 diciembre, 2016 at 11:20

Rusia está devolviendo a la vida los antiguos trenes de lanzamiento de misiles intercontinentales RT-23 Molodets. El nuevo sistema, conocido como Barguzin, estaría listo en 2018

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La primera, y única, regla del club de la disuasión nuclear es sencilla: nunca permitas que un enemigo aniquile tus armas atómicas. La única forma de ‘ganar’ una guerra nuclear es eliminar las armas del adversario en un golpe sorpresa que le deje sin posibilidad de respuesta, por lo que se dedica mucho esfuerzo e inversión a asegurar la supervivencia de suficiente capacidad como para infligir daños insoportables a cualquier enemigo, incluso si éste ataca primero. La estrategia nuclear completa de países como Francia o China se basa en esta idea, pero Rusia la está llevando recientemente un paso más allá.

Las grandes potencias han utilizado durante los últimos años sistemas de armas como los submarinos de misiles balísticos (o SLBM, en sus siglas en inglés), o los silos reforzados para albergar y proteger los misiles con base en tierra. Los SLBM, sin embargo, son caros de construir y operar, y los silos, por reforzados que se construyan, son localizables y por tanto vulnerables. Una forma de crear una capacidad de respuesta asegurada con misiles terrestres es cambiarlos de sitio de modo que el enemigo no sepa exactamente dónde están. China utiliza una red de túneles y EEUU diseñó un sistema basado en ferrocarriles que movieran misiles entre diferentes silos. Pero sólo la antigua URSS llegó a construir y operar una fuerza de represalia basada en trenes que se desmanteló tras la fragmentación del gigante soviético. Ahora Rusia los está devolviendo a la vida en forma del sistema Barguzin de misiles intercontinentales balísticos (ICBMs) montados sobre vías. Es el regreso de lo que ya se conoce como trenes del apocalipsis.

El primer misil balístico ferroviario del mundo

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El plan no podía ser más simple: cargar a bordo de un tren misiles balísticos intercontinentales dotados de su correspondiente sistema de erección y lanzamiento y ponerlos a rodar por la red ferroviaria, siempre en movimiento, siempre dispuestos para garantizar un contraataque en caso de un devastador primer golpe nuclear. Las inmensas extensiones de la Unión Soviética y las ramificaciones de su red de ferrocarriles garantizaban que mantener un seguimiento de los trenes armados sería una tarea hercúlea, complicada por la necesidad de distinguirlos de trenes de carga perfectamente inofensivos. Así nació el concepto del sistema soviético RT-23 Molodets, el primer misil balístico ferroviario del mundo.

La potencia de los RT-23 Molodets era de 550 kilotones (más de 34 veces la bomba de Hiroshima). Con 23 metros de largo, pesaban 104 toneladas

El RT-23 Molodets se desarrolló desde principios de los 80 y fue desplegado en 1987. Se diseñó como un misil de tipo ICBM intermedio y de combustible sólido para reemplazar al SS-19 de combustible líquido, más complicado de mantener y lanzar. El misil Molodets despegaba en frío (mediante un sistema de gases que lo separaba del lanzador antes de encender el motor), tenía 3 etapas, un alcance de entre 10 y 11.000 km y llevaba 10 cabezas nucleares del tipo MIRV capaces de maniobra independiente en la reentrada.

La potencia de cada una de esas cabezas era de 550 kilotones (más de 34 veces la bomba de Hiroshima) y, al ir montadas en MIRV, podían dispersarse y maniobrar para evitar cualquier tipo de defensa. Con 23,4 metros de largo, 2,41 de diámetro y un peso de 104,5 toneladas, los misiles estaban diseñados para ser albergados en silos y para el sistema de dispersión y lanzamiento ferroviario. La fábrica que los diseñó y construyó era el gabinete de diseño Yuzhnoye de Dnipropetrosk, en Ucrania; como veremos esto acabó por sellar su destino.

Los 92 misiles Molodets que llegaron a estar operativos fueron desplegados en silos en Ucrania (36 ejemplares) y en silos y trenes en Rusia (56 ejemplares). Los 12 trenes que llegaron a estar operativos llevaban tres vagones similares a los vagones de carga refrigerada estándar pero adaptados a transportar cada uno un misil y su sistema de colocación y lanzamiento. Cada tren llevaba un vagón generador eléctrico, un vagón de mando y otro de apoyo, además de un vagón cisterna de combustible.

Los convoyes, autosuficientes durante 28 días, se dispersaban en apartaderos especiales y disponían de 200 puntos de lanzamiento preparados. El tren podía recorrer 1.000 km al día. Pero el peso de los misiles era tal que el convoy necesitaba tres locomotoras diésel-eléctricas M-62, algunos vagones necesitaban 8 ‘bogeys’ en lugar de 4 y los trenes sólo podían usar tramos de vía especialmente reforzados. Esto hizo posible identificar los convoyes y mantener un seguimiento continuo por satélite con ayuda de agentes en tierra, lo que los hacía menos eficaces en su función de lo que deberían haber sido.

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